La idea
Construir una ciudadela que refleje el proprio pensamiento
ha sido a menudo el sueño de quien dio vida a nuevas
corrientes filosóficas, ideológicas o espirituales.
También así para Chiara
Lubich.
En los años 50, personas del Movimiento que estaba
naciendo, de distintas edades y categorías, se
reunían por un breve período para profundizar
el nuevo estilo de vida.
Se formaba entre ellos una "ciudadela" temporánea,
la Mariápolis,
y Chiara intuyó que esa
experiencia original llegaría a ser permanente.
Son 33 ciudadelas en los
5 continentes.
Gracias al esfuerzo de los miembros del Movimiento
de los Focolares en Argentina surgió
en 1968, en la provincia de Buenos Aires, en un amplio terreno
donado por los Padres Capuchinos, cerca de la localidad de
O'Higgins en
la pampa 'húmeda' (a 250 Km. de Buenos Aires), una
ciudadela: la "Mariápolis
Lía".
La ciudadela quiere ser testimonio de una sociedad renovada,
de una sociedad que pone en el hombre en su lugar, donde la
caridad y la justicia reinan entre los habitantes que se sienten
hermanos, donde todo circula como fruto de una comunión
de bienes y donde los talentos,
las culturas, las clases sociales se integran como
un don reciproco de unos hacia otros.
Llegan
a ella anualmente jóvenes y adultos, también
familias, para formarse - con cursos anuales o bienales -
espiritualmente y moralmente, en el campo social y del trabajo,
para contribuir en la construcción de una sociedad
basada en los valores profundamente humanos que ofrece el
cristianismo. Son 220 habitantes
que provienen de Argentina, de Latinoamerica y en los últimos
años también jóvenes de naciones europeas
(Austria, Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Escocia,
Holanda, Belgica, España, Portugal).
Son estudiantes, profesionales, artesanos, obreros, artistas,
jovenes, familias, religiosos, sacerdotes, cristianos de distintas
iglesias, fieles de otras religiones e incluso personas que
sin una referencia a lo religioso creen en los valores universales.
No
obstante la pobreza de medios, con el esfuerzo y la laboriosidad
de los miembros del Movimiento de los Focolares y la ayuda
de Entes internacionales, se han construido casas para los
responsables de los Centros y de los cursos y para recibir
a los participantes de las escuelas, como asimismo las aulas
para las clases y los lugares de trabajo de las pequeñas
industrias donde todos trabajan para mantenerse.
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